Saturday, June 16, 2007

RATÓN Y RATÓN

Con esta poesía vaya mi reconocimiento y homenaje a Lully
(http://reflexionesaldesnudo.equinoxio.org/) “estuve en una
iglesia y miré cómo, una veladora ofrecida a mi nombre, ilumi-
ba otra con su llama . La razón de ser de nuestra existencia es
ésa, iluminar...”
Lully es una joven colombiana nimbada de valor y coraje.
´`´`´`´`
I
Arriba,
sobre la opaca lámina de vidrio
las manzanas.
Más abajo,
encima de una rojiza madera de haya,
en su flamancia
el desbordado y humeante pocillo de café.
Delante,
midas en otra dimensión
en la rinconada el ratón,
doméstico,
imprudente,
dueño de casa
lame su hocico húmedo y reluciente.
II
Mucho después,
en la edad media de los años cincuenta
ese ratón,
ajustándose a la gordura de mi empeine
rectificaba distancias,
la senda,
el nuevo mundo,
dando punzantes toquecitos
en los corvejones de la bestia.
En ese entonces,
hacia un ignoto paso de fronteras,
era yo hidalgo ascendiendo la colina;
viaje en el cual el alma
cargaba con la osamenta
y su soñada sangre.
III
Delante,
a semejanza del ratón dueño de casa,
con vísceras dentro,
con vísceras fuera,
llameante relucía la revolución.
Por debajo,
el mosquitero de la noche anterior,
cruelmente agujereado
por contundente material de obús,
perteneciente a la guerra anticipada
que se olvidó,
lucía como ajuar de novia
que también se olvidó.
IV
Ahora,
en este instante,
desde arriba ruedan las manzanas
sobre la vieja haya colorada,
llevándose con su ímpetu el pocillo de café.
Más arriba,
retorció la metralla el pálido techo de tejas,
haciéndose la luz.
V
Abajo,
junto a los corvejones de la bestia ya tumbada
se lame el hocico aquel ratón.
La casa en ese entonces
había dejado de ser mía y de ser suya;
casa que fue y dejó de ser,
sin siquiera haberse transformado
en otra cosa.
<><><><>
Páginas 66 y 67 de Cuando huye el día- 2003

Wednesday, June 06, 2007

UN PESO DE 40 KILOS

Para todas las mujeres torturadas en mi pobrecita américa, en los años 60,70 y 80 + plomo
´´´´´´
Se termina la calle,
no es más la chacra incauto refugio de gorriones;
desde el cielo
o desde las entrañas de la tierra
un par de mosquetones se perfila;
con caramelo derretido en las empuñaduras,
goteando sobre turbios adoquines
la exacta derrota asaz planificada,
en el abigarrado cuarto donde se depositan los alambres,
junto a guturales adioses a la vida.
Cuarto en el cual descansa
sobre incómodo camastro de fajina,
la cajuela de metal
con sus adarmes dentro;
entre ellos temible el fino estilete azul cobalto,
convenientemente desnudado de bueyes insepultos
y sepultas zanahorias,
con los cuales a esa hora en su casa juegan,
los hijos del mochín entre cartones pintados e historietas.
Pronto para la descarga
un poco por debajo del 220,
ha quedado el celular en su furgón de fondo.
Pidiéndose prestado un juego de dados a la muerte
he aquí el armado desde adentro
de una prolongada noche comandada por tahúres;
que de pronto se puebla de silbidos,
salsas y cumbias estridentes,
campo sonoro para el disimulo.
En este ámbito de pozo con cerrojos
el dolor aguanta las palabras
hasta la última ocurrencia,
con su presentido ·bamg· de medianoche
áspero y frío.
Disparo que mezcla la cerrazón
del cielo encapotado,
con los humeantes cartílagos
en los cuales desesperadamente,
araña la vida en sus entrañas
un espacio de tiempo + limosneada yapa,
con el solo resalte de un mauser
supuestamente de juguete,
(¡oh incauta ilusión,
dibujos de paraísos en el cielo!),
ostensible en la mochila gris
de quien ha llegado recién,
ese mochín con niños jugando en la casa,
para adueñarse de la víctima de turno.
Se trata de una mujer que desnuda mira el cielo raso,
tachoneado de herrumbrada hojalata y sin querer,
por debajo de su iris castaño
con martillo y corta-fierro dibuja
la perennidad de un tiempo que no pase;
sin después,
sin precipicio;
la simple felicidad de aún sentirse viva
y que eso continúe,
continúe,
mientras el atormentador
después de colgar su alargada piel,
sintética piel sobre una estaca blanca como hueso,
atemporal y sin el menor apuro
hunde sus largos dedos pálidos en la caja;
como queriendo fabricar cerámicas
al tiempo en demorada orfebrería,
rebusca entre alambres y fusibles
el inexacto instrumento,
ni + ni menos para una joven edad
y un peso de 40 kilos.
><><
De “Ser joven lleva mucho tiempo”- pág. 34-35
(nueva versión)
nota de diccionario: mochín--->verdugo

Friday, May 25, 2007

REÚNO ANDRAJOS

REUNO ANDRAJOS
I
NOTICIAS Y CESE DE NOTICIAS
REFERIDAS AL DOLOR
i
Espongiario dolor de estrella moribunda,
menor,
blanca,
pálida y amarillenta estrella
a punto de morir
en la obscura cresta del océano,
del mínimo océano que se alberga
en el banal recinto de mi charca.
Océano que por debajo
de un rompecabezas onomatopéyico,
en diálogo con boca que gruñe
ante el vocinglero portal del silencio naufraga;
inmolándose tras fogata de cordeles y ramas
su contención y duda gruñe,
hasta romper los límites
y conformar otra charca en las afueras.
ii
Diálogos con el tallo
de un vasto bosque ceniciento,
extrañamente dulce,
agridulce como la guayaba,
desprendida recién,
a su pedúnculo de lágrimas atada;
pedúnculo que se ase
a un torcido tronco en el cual descansa
mi torcido omóplato.
A partir de actos agobiantes e imperfectos,
he aquí entre gruñidos la búsqueda de la perfección.
Búsqueda que puede llegar a ser,
perfección encartuchada
en la guampa de un megáfono al revés,
con el cual entre bambalinas semi-oculto,
en contaminada búsqueda de veracidad
simula el mundo que oye sin oír.
He aquí un escenario
con muchas puertas para entrar
y una caja hermética para no salir.
iii
Dado que nada escapa enteramente al calendario,
todo viene como de la tienda,
envuelto para regalo navideño;
carmesí regalo
con mata-sellos de pompa y circunstancia,
calenturienta pompa y circunstancia
asida a ligeros pies,
de un derviche fuera de contexto
para que se centrifugue el dolor,
auxiliado por el seco tañer
de un triángulo siglo 19,
botado y rebotado en el cercano oriente
de mar amargo con orquesta,
orquesta que lamida por el silencio oscila,
tropieza con los sonidos de un jardín
que gira en torno a otro jardín y huye.
He aquí el dolor cargado de ventosas,
como si fuera una vía láctea de entre casa
en huida hacia erial obscuro y frío.
Lo aplazado en la tienda
por falta de un endespués con ·enderezo·,
se refiere a la herida allí donde el cencerro
al cuello de la víctima se ciñe,
con cinta de cáñamo hasta reventar.
iiii
Insertas en raído ropaje de quejas,
he aquí las noticias
y el abrupto cese de noticias,
como si fuera guiñapo de arpón
ropaje herrumbrándose en el lomo de una ballena,
con muchos corsos y océanos
según libro de gutemberg
sobre caza y piratería.
Cese de noticias en legajo inserto,
reconstruido arteramente
por historiadores que se alquilan
y a los dados con las palabras juegan,
en interminable evento entre amigos,
secuaces y acólitos menores,
confinados a un indefinido estado de seglaridad.
Todo fofo y limado de huellas
en el papel secante de los signos vitales.
iiiii
Como si fuera un día que depara milagros,
noticias en el vibrante punzón
de marmolistas y picapedreros;
cese de noticias junto al icono erigido
a la memoria de marmolistas
y picapedreros muertos,
envueltos en el intenso mador de la ladera.
Herida practicada por expertos en eso de curar,
curar sin devolver la vida.
Herida para que incólume
vibre el castigo y su insistencia,
asociado al mortecino torrente
de un dolor aún + antiguo.
Dolor + dolor superponiéndose,
garabateado en un terroso croquis
con nombres y apellidos sobre papel manila;
dolor arrinconado,
que no vende,
envuelto en sombras,
perplejo ante la pregonada exactitud de las noticias.
iiiiii
Después de un sismo
con fueguinas cataratas en el cielo,
del consiguiente silencio
y el denso polvo sobre la hierba,
adviene un ajeno mapeado de la tierra
visitando la senda,
de los muertos entre kefar rosh y el antilíbano.
En clave de osamenta,
morosa descripción
de una anhidra gota que horadó en el occipital
los tiernos pensamientos.
Mapa trazado con pluma estilográfica
de la cual mana tinta intensamente roja,
mezclada con murallas y zanjones,
con trincheras aún de pico y pala
ante la mole que arrasa y nivela,
para que allí haya casas con césped
bien cortado en las afueras,
antena parabólica en los techos,
puntiagudos y artillados.
Trincheras en el tierno corazón,
para un dolor disimulado tras vitrales
de un “todo está bien,
aquí no pasó nada”.
Mientras tanto,
de helechos se puebla la colina
y sobre bancos unos dorados niños,
voraces comen dátiles
y pulpa de nueces en almíbar.
iiiiiii
Palpitante y escondido en el agrio vellón,
que incómodo se asienta
en alguna improvisada cama
de impresentable fonda,
hacia el sur en esta banda,
húmeda banda
en la frontera de un pintado oriente,
pintado entre mustios líquenes
y moribundos pío-píos,
flota un listón terroso,
dehesa para interminable
combate cuerpo a cuerpo.
Combate en el intrincado campo de maíz,
maíz de enero sediento de gotas,
en la exactitud de su reloj gotas de lluvia;
reloj cuyo tic-tac
asiste al derrame de sangre;
como si fuera el tránsito de una culebra,
inofensivo tránsito de chacra
entre los ralos nidos de alondras,
con espejuelos metidos en sus ojitos pardos.
Dolor que accede a una calle contigua y desierta,
neutra calle convenientemente acicalada,
indiferente,
aseada,
aunque los ayes de las víctimas,
inaudibles ayes,
calcinados en plena fiesta de piromanía,
en fila esperen ensayando ecos,
porfiadamente esperen para ser oídos.
He aquí la neutra calle junto a la cual,
se yerguen los harapos de mi puerta.
II
HERIDA + NOVÍSIMOS OBJETOS
i
A novísimos objetos se suma la herida,
a muy antiguos resabios
que a las amoratadas uñas de mis sentimientos
con voracidad mordisquean,
como solapada vinchuca mordisquean.
En latencia ligada a estímulo y respuesta,
con un toque de queda escrito en la barcina piel
desde el cuero cabelludo hasta los pies,
los pobladores eligen cohabitar
en las incómodas fauces del horror,
travestido éste de vecino
que sale con su novísimo objeto,
bolsa navideña
rellena de recién cortado pasto para depositar.
ii
Novísimos objetos por accidente expuestos
en largo muestrario
de viajante excesivamente invadido
por un ácido mador de carretera.
Interminable hilera en medio de árboles,
cajas,
cajitas y cajuelas entre abalorios,
que con inocente ignorancia de su dueño,
también guardan noticias
sobre listas en las cuales
se consignan vuelos
hundidos en un mar de algas,
sargazo y silencio + muerte;
silencio que en su mudez no pesa,
es transparente,
neutro,
producto de la imaginación.
Silencio que de pronto como moscardón
quedó atrapado entre los huesos de las almas;
de sala en sala desde la raíz hasta el pedúnculo,
deambula con sigilo innecesario,
pesadamente quebrantando frágil arrecife de adn,
que como dijes cenicientos cuelga
de su prominente botonera verde caqui.
Novísimos objetos,
esmaltados por la simple
flamancia del presente,
que con cuchilla
en su último tercio los vocablos cortan,
a las palabras pronunciables cortan,
convirtiéndolas en amalteos andrajos,
en diminutas égidas para una lid ante gigantes;
para una lid exenta de bonanza,
escrita en cuartillas mafiosas
por señores supuestamente honorables,
cuando alguno ya sabe aunque nadie
se lo haya contado,
que asimismo la vida sigue siendo
un novísimo objeto,
entre sus diestros dedos de tahúr;
diminuto y fetal objeto breve e indefenso,
el cual metido en las entrañas
de la indiferencia huye,
con un trozo de pan atravesado en la garganta.
En articulación de celda,
pasadizo y lavandería,
adolorido y extrañamente tierno
pan de munición había sido;
pan de munición con agujeros,
asediado pan que viene de ser mordisqueado
por ratas demasiado hambrientas
para hacer distingos,
ratas que amorosamente
en silencio amamantan a sus pequeñas crías.
III
DES-CEREBRACIONES
Novísimos objetos
que desde sus inexpugnables balconadas
de ladrillos y azulejos,
en tramas con el escalpelo del pasado des-cerebran;
en el sueño los halagüeños planes des-cerebran,
en trozos grandes y pequeños.
Con su opaca lamida
al seccionar la vibrátil cola del ratón,
para mayor seguridad binan la dehesa.
IV
EN LAS RUINAS DEL ENSUEÑO
He aquí lo que resta:
andrajos de prendas como testigos mudos,
pertenecientes a batallas calle a calle,
cuyo querellante cuchicheo
en mi oído se aloja;
asido se aloja en la ruina del ensueño,
el cual dormita su siesta nocturna
sobre encapsulados túneles,
que en el mar cohabitan
con el vocinglero murmullo de peces abisales.
He aquí una comprensión anormal
respecto de sucesos supuestamente normales,
inscriptos en la fúlgida nimiedad del universo;
andrajos en precario estado de supervivencia,
andrajos que tiritan
en una chacra de moreras,
a punto de expropiarse.
<<------>>

5 comentarios -
frugalías dijo...
Noticias y cese de noticias " Un océano en diálogos de pincel
y lengua muerta;
lengua muerta
en boca ligeramente abierta,
abierta para el silencio"
El tema del silencio en un mundo de gritos y violencia debe ser tema obligado de los poetas, personas que se esconden en el rincón para observar.
gracias xavier
hebert abimorad
6:10 AM

Dilaca dijo...
Celebro el descubrimiento de este blog.
11:12 AM

Joup dijo...
QUe es lo que mas ha le ha quedado de la poesia que leyo de el?
porque sé que son a veces algunas lineas las que nos hacen volar...
Besos y abrazos de esperanza!
6:07 PM

Nohemi dijo...
Hola Xavier!
es un gusto saber de ti nuevamente.
Gracias por lo que nos compartes.
Hasta pronto!!
6:31 AM

Cantúa dijo...
Su poesía es un poliedro de asombros, crece como una enredadera y entonces una palabra es una esquina que doblamos para de pronto rozar la otra esquina y otra, reveladoras todas. La sombra del poeta nos espera mimetizada en cada ángulo, esa sombra que perseguimos para desaparecer frente a nuestros ojos, los ajenos, los otros, los extraviados, los que miramos sin ver. Un ritmo que duele en su exactitud escalofriante como un "reloj cuyo tic-tac
asiste al derrame de la sangre,
como si fuera el tránsito de una culebra"
Su poesía conmueve como una flor que se deshoja hasta el hueso de la resurrección.
Reciba un afectuoso abrazo.
Cantúa
10:05 PM
<<<----->>>

nota del autor: este texto fue presentado con anterioridad en este sitio, pero en razón de que se tornó incomprensible a raíz de la dimensión de las letras, fue necesario rehacerlo (con variaciones), conservando los comentarios a que dio lugar en esa oportunidad.

Thursday, March 29, 2007

CUANDO HUYE EL DÍA

I
Como un niño que habiendo correteado se cansa
y en medio del salón con sueño,
procura reiniciar abandonados juegos,
así su andar por objetos y perfiles
deshace la tenue luz del día.
Quitándose retrocede hacia la recámara en la cual,
en el hormiguero ·desova· la reina entre cuidados.
En un efecto de balanza,
a semejanza de una joven aún convaleciente
que da pasos lentos e inseguros,
desmáyase en el portal trasero de la casa
despuntándose su piel de blanquecino nácar;
efluvio de inocencia en el patio,
es sorprendida por el arrebato de vilanos en manada,
ociosos y molestos que le raspan destellos
sembrando sombrajos en su seno.
Exhausta ya,
en la borrosa esquina tras la cual parten dos senderos,
la socorre alguno encendiendo una lámpara votiva.
Más lejos,
en la corraliza,
el belfo del toro de gotitas se aceita,
esparce en derredor translúcido vapor con arco iris,
que amarrándose a las flámulas del viento
de una manera no humana celebra,
entre fango,
serrín,
siluetas y pisadas los adioses de la tarde,
trémolos como agua en los rizos del cauce
de río que se aleja.
II
He aquí,
trepada a un escenario que se puebla de sombras la noche,
acústica a causa de fragores en las copas de los árboles.
Todo dispuesto por los ojos del alma,
enmarañada de capullos en los cuales,
sobre sus pechos se reacomodan los gorriones,
escápulas con tic-tac
echadas al mórbido cuello de la seroja,
sostén de nidos y plumones.
III
Como nada a sí mismo se parece,
he aquí la opaquez de un espejo
para asistir al eco de piar con despedida,
sorpresa y dolor en el vuelo que breve se contiene,
en el inexorable trayecto hacia el reino de lo quieto,
de cuyo punzar cuelga un estilete,
ajeno,
perteneciente a la febril arritmia humana.
IV
Habrá a raíz de estas y otras aventuradas circunstancias,
temblor general de última hora,
que hasta el amanecer pospondrá movimientos.
Ello ha de ocurrir cuando por detrás de una calle,
en el confín del pueblo,
el tren nocturno silbe.
Enroscado hasta el infinito es mariposa
que abandona su crisálida.
Carro huraño deslizándose + allá de la arboleda,
con lámpara de acetileno ajustada al bajo vientre,
torpe en el destello amarillento
hacia el adormecido centro de la tierra.

texto con modificaciones- pág. 70 de “Cuando huye el día”
2003-Editorial Nordan-comunidad



Thursday, March 08, 2007

ESCENARIO


I
Que calle le dices al amor,
desflorezca,
apele a su inocencia y se retraiga,
hacia el patio trasero de la indiferencia.
A objetos de tu pertenencia les dices,
que ha llegado una brocha flaca y pignoraticia.
Aun ahuyentas el recreo,
la penitencia,
esa canción elemental para la hora de la siesta;
el silencio instalas en tu oído,
en un par de luces desatas el haz de la mirada,
temblorosos pabilos que asisten a tus pasos,
necesarios,
para traslados de habitación a pasillo y viceversa;
de allí hacia calle de ciudad abreviada,
reducida a menos espacio,
con + tiempo.
II
Ante el portal aguardas de un ·poli-aspecto·,
en la búsqueda de la veta
que te proporcione un microscopio,
cueva en tu auxilio
para re-atar el haz desgastado en el ojo,
de un solo hervor tan diminuto como la vía láctea.
III
Perentorio,
has quitado páginas a este minúsculo dominio:
afiches,
planificaciones,
recuerdos,
nacimientos,
plagios inocentes.
Es borroso lo que resta,
se embosca en el pétreo ramaje de un gabarro,
se asiste a sus flecos de tocata y fuga.
¿Del destello?
Poco se sabe,
nada.
Es latido de algo que se apaga,
tras la puesta de sol en las entrañas del cielo.
No obstante alguno,
nimbado de ilusión,
con señas manifiesta que contempla,
en un bajío del horizonte a unas estrellas,
menores,
su titilar sobre el encrespado oleaje del océano.

Thursday, February 22, 2007

CATEDRALES

Para Mónica en su cumple
I
Se te prometió una ciudad,
carro de transporte,
pero los animales se salen de su felpa y mueren.
A ella llegas haciéndole el dedo a un duende,
que confundes con carrero.
II
Al llegar la ciudad es ruina,
horizontalidad amontonada,
iglesia de la cual tan sólo resta
una caja deforme,
a la cual bautizas como relicario.
III
Detrás,
ha quedado la campiña,
el ancho río con su grosor de invierno
y sequía de estío.
A ese lugar ya no se vuelve,
no hay regreso.
IV
En éste,
donde ahora estás,
imaginas,
revives,
gritas,
profieres un largo adiós,
la penúltima sonrisa de niño ante una roja bicicleta.
También sobreviene la ira,
el miedo,
una tristeza que va paralizando;
ella edifica como se construyen catedrales,
el vacío.














Saturday, February 03, 2007

INITIUM-TERMINUS

En este poema se recuerda a la República Bosnia-Herzego-
vina, país expuesto a una depuración étnica (1991-1995),
en base al exterminio de sus ciudadanos. Éstos, salían –en
las ciudades- de paseo (y aun a conciertos), en días de
intensa niebla, por razones de seguridad.
I
Es éste mi comienzo,
con bordes,
biseles y puntas aguzadas;
timbales diminutos sobre el vientre,
neblinoso de la tierra.
Con timbales memorizo el comienzo;
con imágenes tropiezo,
a las cuales se han agregado partes;
ellas se sientan a la mesa,
de un húmero ensangrentado
que en mi pupila flota como brasa.
Alojado en el fondo
de diminuto bolsillo a punto de olvidarse,
mi patio es pelotón de letras con escrito.
Objeto que con mira telescópica se busca;
he aquí el apunte de frutas y verduras
para un antiquísimo mandado aún pendiente,
a franquearse en la despensa
de blanca nieves y señores enanitos.
Entre parapetos avanzo,
columnas y muñones
en las copas de los árboles;
para instalar el alma reconstruyo las palabras,
la exactitud en este sitio yace a unos palmos
por debajo de la tierra;
son susurros y un ¡ay!
cortado en mil pedazos
por tijeras que viajan detrás de 2 disparos.
II
Entre instrumentos musicales,
ha habido aquí búsqueda de tu imagen
en pico de botella
y guijarro quitado a la pared,
que con esquirlas han sido volcados a la fosa.
Desde el techo hasta el piso a cielo abierto
mi deseo es contemplarme en ti,
iniciar la travesía hasta el final;
asido a números y letras
blancos como el marfil.
III
Lo que en ti exploro,
exploro en mí.
He aquí de tu sangre en mi uña la historia;
las huellas digitales
enteramente se han desvanecido.
IV
Me desvisto en tu anaranjado oleaje,
oleaje con niebla
que me espuma y empapa.
V
Todo se confunde en tu encrespado espejo,
aun la vida y la muerte;
entran y salen por tus puertas
carcomidas de metralla.
Como si fuera un penúltimo renglón
nacido en tu glotis,
me explicas que a pasear salió la gente,
(eso es lo que cuchichean los niños,
adultos y ancianos).
Saben me has dicho,
que ese paseo sin bruma es paseo imposible.
¡Cómo cobija la bruma,
nos hace iguales,
indistintos detrás de un esmeril opaco!
VI
Estoy en el término,
en el abiselado borde del birlí,
tan sólo me salen sofocados adioses.
Te copio en mi cabeza,
presiento que me quisiste decir
en cuanto a la bruma,
que ella debió haber sido + opaca,
con difusos timbales
en el fondo de la orquesta
y el arpa removida,
depositada en un desván obscuro.
Mi corazón intuye,
que este paseo con densa niebla
era para ese lugar e instrumentos
el único posible;
que todo fluir lumínico
hubiera sido mano con ojiva dentro,
pasaporte en el tren de carga
hacia una barranca donde esconder los muertos;
tizne,
sebo de vela y añil,
colgados como ayes de los tablones,
sobre los cuales el alma se tantea,
examina las heridas,
asume su comienzo.

Monday, December 18, 2006

EN LA GAVETA DE ARRIBA

En su aniversario, poesía dedicada
a la poeta Silvia Aída Catalán("alas rotas"), natural de San
Nicolás, Rca. Argentina, antes que nada una
entrañable amiga.
I
Laberintos,
madrigueras,
escenario de caza en intrincado bosque.
He aquí el dolor,
en un fúnebre abrazo con la vanidad,
metida ésta hasta el meollo
+ papel y engrudo,
en los 2 inquietos ratones
que cuelgan de mi montura.
II
En la gaveta de arriba busco
mi libertad perdida.
Con el afán de que no fuese lastimada
por el vaivén,
la negligencia y el pisoteo de otra gente,
la dejé en ese aposento cuando salía.
Otra gente
para la cual revisto como criado,
criado de llevar y no llevar recados,
regalos y en el + riguroso de los bolsillos
veneno ardiente,
que da manotadas y en la transparencia hace treta,
mezclando su olfato
con el aroma de la rosa.
III
Qué de insatisfactoria
se torna para ti la vida.
Te escondes en la oquedad
saliente de tu cama,
para asediado por el sueño y la fatiga,
con dedos de cabritilla
manipular entre cuidados,
suavemente ese plumaje untuoso;
plumaje que al salir
guardado quedó en la cima,
intermedia junto a la bóveda del cielo.
Péñola de alondra
que muerta aún se asusta,
como si detrás de la muerte
espiara la vida para siempre;
mojada y ya sin alas,
con inmenso miedo
escondido en un rincón de sus entrañas.
><><><

En el barrio del cordón, junto a la puerta de hierro hoy tumbada, de un liceo nocturno que se esfuma en los envoltorios de una densa niebla.

Friday, December 15, 2006

POESIS BREVIS I (HÚMEDOS SUEÑOS)

Este poema está dedicado a Nohemi, una chica natural
de Monterrey (México). En ella conjugan sin en-
torpecerse, la belleza corporal con la del alma.
Es una entusiasta difusora de la poesía contem-
poránea, que utiliza el medio facilitado por in-
ternet para hacerla llegar más lejos.
Su blog: http://nohemispaces.spaces.live.com/

I
¿El dolor?
Es remedio el dolor.
II
¿De los sueños?
Qué debilidad del alma son los sueños.
Vidrio que se rompe antes del vidrio
son los sueños.
Estrepitosa ruptura
en el impenetrable y diáfano
santuario,
del alma son los sueños.
III
Lo demás es desaliño,
percal aún en hebra.
Cosa de máquinas.
Ni siquiera cosa de maquinistas
son los sueños.
IV
Aún no se ha nacido y ahí,
globulosa,
al injurioso viento de la noche expuesta,
a la poliédrica sequedad del día expuesta,
la tierra expuesta está,
momificándose.
Donde debe estar la tierra está,
antes que tú;
después de ti momificándose.
V
Incomprensiblemente antes que tú;
la tierra para recordarte,
para en su gleba arroparte;
para cubrirte
con áspero traje de sales
está la tierra,
para entibiarte mejor.
VI
Húmeda,
fría tierra
que se excusa desde el escusado.
Se excusa por el dolor,
su panacea.
Se excusa por los sueños,
húmedos sueños.

Sunday, December 10, 2006

COMPROBACIÓN

I
Esa voz está demás;
no obstante en el espectro
de sus cuerdas
tañe el silencio
una inaudible canción.
II
Cabe aquí contar
con los dedos de la mano,
una basta.
Al contar,
ella no está dentro,
no está fuera.
Tan sólo el artefacto
que al desmontarse repite un número,
memoriza un número de pétalos.
><><><>

Wednesday, November 22, 2006

EN ESE LUGAR

Esta poesía está dedicada al joven Miguel
Gómez, natural de Barcelona. Miguel se co-
munica con el mundo a través de su blog
POESÍA CASTELLANA
http://uninstantedepoesía.blogspot.com
Miguel cree en lo que aquí se escribe, es
un entusiasta a quien se agradece; cuando
se trata de poesía (que de paso encierra
cierta dificultad de comprensión o de otra
manera, debe ser leída con los ojos muy
abiertos), los entusiastas no abundan, los
consecuentes escasean.
I
¡Ay! qué viejo es este cuento.
Cuántas veces contado.
¿La vida?
qué ilusión,
qué huérfana y proscripta;
como si estuviese muerta
qué diabólica en estado solitario.
II
Cuando en ti pienso
edifico una ciudad dentro de mí.
Me salen calles,
alcantarillas,
escusados;
la cama de uno del cual dicen
ha muerto en medio de la habitación,
en la dulce compañía
de ángeles marchosos
echado sobre el pecho como en cuclillas.
III
Paredes y algunas ruinas
de ayer y de hoy,
sobre otras de antes-de-ayer
que ni se sueñan.
En un costado del mundo mesa,
sobre su herida franja de madera taza vacía;
en el mal lijado desierto del presente,
la hornalla encendida
y el casi inaudible silbato
de la caldera encima,
que para nadie repite sus noticias.
IV
De él,
de ella,
¿qué decir?
Cuando llegué ya no estaban.
Alguno dijo que esa noche allí durmieron;
en ese lugar,
en el cual la vida es ilusión,
un relampagueante hervor de lluvia
que tira baldes para dentro de la lluvia.
¡Qué frágil la memoria,
cuán veladas lucen las historias
de las criaturas que a mí me importan;
por ellas abreviaría
ciertos campanarios en el cielo!
Manotazos doy en la niebla,
en busca de alguna certidumbre.
><><
barrio del cordón-en un sitio entre el sub-suelo y la tierra, en el cual solía ensayar EL AULA, grupo legendario que se extinguió cuando el liceo nocturno fue cerrado por reformas por los años 50, que se esfuman de la memoria y son niebla,
nada + que niebla.

Monday, November 06, 2006

EXTRACTO CON APUNTACIONES

I
Se avanza en un océano,
entre fosforescencias.
La navegación
es como caminar sobre agua
espolvoreada con alquitrán y brea;
navegar es hundirse en los repliegues del oleaje,
darse por muerto
y salir a bocanadas escupiendo sal.
He aquí la mordida en las palabras,
esas faltantes,
que no salen en la fotografía
por haber llegado tarde
o en pleno tránsito en la glotis,
guturales,
son gruñido.
He aquí los imperfectos
desgastes de los pasos,
pasos del tiempo
que transcurre entre los pasos,
cuando se pisa sangre,
albañal sin conducto de salida,
bien cortado césped
junto a la puertita del vecino,
que sentado en un diván granate
aguarda visitantes.
He aquí la tarea
en cuanto a conformar extractos
hurgando en los intersticios de los pasos,
para saber si aún es posible
apuntar en el libro
de lo hecho y lo deshecho,
en su birlí fantástico
lo mínimo y lo máximo,
la mística mesada en igualada letra.
Letra transparente que se guarda
en la ventral bolsa de un hipocampo
a punto de dar cría,
no hay otro postillón en este mundo.
Letra en la punta de una lengua viva
y en el enmudecido tronco
de una lengua que se supone ha muerto.
II
En estos pasadizos
de + en + estrechos,
con herramientas mínimas y toscas
apuntar aún en la cristalina
y rugosa superficie
de un diamante no labrado,
válidas referencias
sobre la vacua transitoriedad de la vida.
Tras un ayuno abrevado
en recolección e inocencia,
pescar en laguna
entre estalagmitas,
con un hamo del alma inaparente
discontinuidades,
ladrillos y hueco en la pared,
entre los cuales para no ser vistos,
se alojan gabarros donde hierve la vida
y asimismo,
gruñen su gorgor
presentidos barruntos
referidos a la muerte.
III
Una punzante libreta de apuntes
fuertemente asida
al axón de los afectos;
inundada de birlí,
sólo birlí en soledad.
En la cabellera un agitado cielo,
en los pies zapatos de un derviche
que baila por él y por quién escribe,
esta ·encriptada· esquela de periodista
para un diario que se apila,
en el cuenta-gotas lumínico del amanecer.
IV
Junto al océano,
anegado por la obscura goma roja de la brea,
los quiquiriquíes de los gallos,
envueltos por la densa copia
de una ´mariamol` allí existente,
picotean el silencio,
desangran
los anaranjados barrotes de la aurora
tras los cuales,
la noche es un dato incomprensible.
><><>
barrio del cordón- en el campo del
cardal, junto a la tapa que guarda
la entrada hacia el escalerín portátil,
desde el cual se está llegando al sub-suelo
primero del liceo nocturno, cerrado por
reformas desde los años 50

Tuesday, October 24, 2006

EN EL ÁMBITO DEL CEÑIDO Y BREVE BOLSILLO DE COSTURERA

I
Dicen que hemos olvidado,
que olvidándose es la vida un lento,
involuntario y goteado
aprendizaje de la muerte.
¡Qué lástima!
es tan poco y valioso el tiempo.
Dicen que es muerta letra
la que cobijamos en el cambiante
albergue de la sangre.
He aquí la sangre déltica,
arrinconada,
dando golpes de martillo
en huesos y cartílagos,
según un diapasón cuyas reglas
se presumen en + o en menos,
en poco y nada.
II
He aquí la ignorancia
y su cortejo de sabiduría,
ubicuos en la litera de un avahar tibio-frío,
transido por diafanidades
y repentinas fumarolas;
avahar que transcurre,
cambia,
se prende a los muros superponiéndose;
como si nada tuviera principio ni fin
oculta noticias,
suelda unas noticias nuevas
con otras noticias viejas.
Prende por un instante una fugaz cartela,
en la cual alguno insinúa
que todo casi no pasa.
III
De ex profeso quizá agujereado,
con frecuencia se nos cae alguna letra,
perteneciente a ese breve bolsillo
zurcido por hábil costurera;
es polizón que en alguna parte llevamos sin saber;
el cual debiera ser bolsillo fácil para la exploración,

pero en razón de un pertinaz malabarismo
es bolsillo que se esconde para jugar.
IV
A causa de estos despistes de selva con esquina,
el cráter de nuestro galimatías
es moribunda letra liberándose,
a partir de un orificio que no obstante,
para nosotros pertenece
a esa suerte de manantial velado,
oculto cuya raíz se despedaza
entre las pardas tripas de la gleba,
que a su vez se despedaza
bajo la incansable chaira de un arado
cuyas rejas,
dentales y cuchillas al voltearse destruyen,
reconstruyen,
acicalan,
alteran a través de una sinécdoque,
recortada de libro inubicable,
apócrifo,
excluido del canon de una biblia
que se escribe.
Visible para unos,
invisible para otros.
Sinécdoque que muda de continuo
y al mudar altera el complejo
e impetuoso sentido de las cosas.
Al recortar las raicillas
de la prístina hierba,
el desafiante filo de la navaja instala
en el intrincado sub-suelo de lo simple,
un reflejo de espejuelo
atonta alondras,
que se apropia del sol a dentelladas.
En estas circunstancias,
lo que vendrá ha de ser producto
de una herida para la cual,
morir sería una increíble aventura.
V
Qué lastima,
ella es tan sólo trabón
en la piel del artefacto,
postigón en entraña de loza que la escupe,
como si fuera sangre desde boca ensangrentada.
Qué lástima profirió el moribundo,
cuando por fuera se cuelga del andamio
diminuto cartel refunfuñando
un cerrado a causa de reformas,
que herméticamente cancela
todo posible trato entre la herida y la muerte.
VI
Mientras tanto,
de ese bolsillín zurcido por costurera,
en el cual con lo fugaz se juntan los sentidos,
en busca de cofre,
celda,
banco de sollozo,
emerge un titiritero de subsuelo,
el que momentáneamente sin trabajo vocifera:
si aún es posible la sobre vivencia,
lo que vendrá ha de ser tan sólo gruñido,
de teatro + marionetas;
éstas provisoriamente puestas dentro,
en la intrincada angostura
de un armario en casa de comidas,
cuyos intersticios huelen a sebo en cautiverio.
VII
A la vera,
en el sitio donde la felpa
rellena agujeros dejados por agujas
y pespuntes en despiole,
lindante con sombrío territorio
sembrado de marquesinas en desuso,
por fuera de la ilusión cae un chubasco,
cuya tibieza la mustiedad agobia
de las semi-amarillentas hojas
de árboles y arbustos,
dispuestos en incompleta hilera;
de este lodazal quizá se salve
el deshilachado arco de un violín
depositado en el rincón de la vidriera;
arco de violín junto al atril,
atril aún vacío de anotaciones con papel,
anotaciones y ganas de tocar,
locas ganas de tocar un grave sonido en fa;
se sospecha,
el obscuro tañer fue colgado
por guido aretino en otro ·bolsillín·,
en el cual las notas del solfeo,
ingrávidas,
como cabras en redil se resisten,
a toda posible melodía.
VIII
Después de tormenta en otoño
lo aquí escrito se asemeja a flores,
pezones y por fuera,
un halo de hojas muertas que palpitan.
En recinto no + ancho que un armario,
expuesta al vaivén del viento
tarea vestida de blanco y amarillo
para atrapar alguna clave,
que explique si se está vivo o se está muerto.
Hojas asidas a las poco inteligibles letras
con el apuro del dolor escritas,
sobre otras escritas a su vez
por encima de un raspado palimpsesto;
embebidas ambas de respingadas gotas
pertenecientes al intacto animal
que éste lleva dentro;
animal que se finge no haber visto
para olvidar que la vida es un lento,
voluntario y goteado aprendizaje de la muerte.

Saturday, September 09, 2006

EN EL LINDERO CAMPO DE POPOTES

Este trabajo está dedicado a J.J.Cantúa, poeta y ensayista
sonorense que se publicita a través del blog
TATANKABRÓN. J.J.Cantúa no solamente es un desta-
cado hombre de letras, es también un espíritu altruista,
un generoso de alma. El honra a los ex-colonizados
de este continente.
I
Se aprieta el papel sobre la mesa,
la llama es 1 fósforo a medias.
Qué simple 1 a+b en este punto de la historia.
Cuántas cosas ajenas,
innecesarias,
en el glotón ensucie de sangre,
que da el bote y acierta
con un campo de popotes,
sembrado en la reconditez del occipucio,
en el cual el axón se despereza.
II
Antes de que el cabo llegase
se calcinó la prueba.
En este fugaz ahora una ligera brisa basta,
basta para que se bambolee
la amarillez de la ceniza.
Todo parece estar bajo la exigente lupa,
lupa de un microscopio comprado en el bazar,
recorte en la arboladura del axón
en procura de pescar a las estrellas,
estrellas fugaces.
Pero ¡ay! yo sólo sé,
sé de tanteos con desmayada yema,
yema que me prestó una deidad
cuando los de esparta alzaban su tapia,
una tapia caliente en el desfiladero,
para no morir.
He aquí el degollado remedo
de números y letras
que puede ser una cosa u otra cosa
y por tanto ya no sirve;
no sirve para aquéllos insistentes,
que a la puerta golpean
y se rasgan los vestidos,
clamando por certezas insensatas.
¿En la madera?
Ligera mancha como de sudario
que se repite una y otra vez,
una y otra vez hasta desaparecer.
¿+ tarde?
Qué poco importa un + tarde.
+ tarde es popote consumido
entre las pinzas de estambre
que esparció el silencio,
las esparció como ganzúas
en la oreja de los 4 vientos.
4 vientos que al emigrar llevaron,
(nada es enteramente hermético),
en sus mínimas cajuelas cautivo llevaron,
al polifónico encaje de todos los sonidos,
los vivos sonidos
y los sonidos muertos de la chacra.
III
He aquí la externidad.
¿Cómo describirla?
Góndola desprovista de canal,
de agua al ras,
de turbiedad,
de lodo solidificándose
en el amarronado fondo de la laguna.
Se juntarán zapatos,
los zapatos de la boda;
un trozo de velvetón granate con sus 3 puntas,
puntas para la suerte anudadas;
el camisón rosado,
la camisa con tablas
y una hilera de botones;
botones como luna menguante,
cicatrizados en un colectivo de ojales,
ojales que habían sido bordados
con el hilo de la vida.
IV
Todo fue muestrario que se metió en la caja,
caja necesariamente inclinada
para una mejor exposición.
Los supuestos vestigios
fueron metidos así como se mete,
un pío-pío muerto que espera sepultura;
absurda sepultura en el campo de popotes
al axón aquel lindero,
que tan sólo quería
desperezarse sobre la paja
del dormido bálago escobero.
Amarillentos popotes
en cuya raíz el resplandor anida de una llama,
tenue humo de llama
que crepita en un fósforo a medias,
mustio y lento,
sin apuros.
><><>

Monday, August 07, 2006

PAQUETE CON REATE-PAQUETE SIN REATE

PAQUETE CON REATE
I
Como riendas en caballos alazanes,
difuminados tonos pardos y amarillos
se alejan.
Cerca,
en su desdentada boca
mastica la noche
los últimos pellejos de la luz;
junto al sanjón y lisura de las cosas
nada en apariencia sucedía;
en medio del torbellino
de lo que no obstante daba giros sin cesar,
pétrea,
se instaló la quietud;
en su polvorienta butaca de reposo,
como si fuera un no descifrado icono
reposaba,
desentendiéndose
de lo grande y lo pequeño,
de lo visto o de lo que alguno
imaginaba que veía.
II
Tarde,
+ adelante o + atrás en la misma senda
que ya no era la misma
pero tampoco otra,
sentado sobre banco
angosto y menos largo,
que los comunes bancos
habidos en ese allí casi sombrío,
musitó un señor a alguno
quizá su acompañante o quien creía él
que le acompañaba entonces,
que la vida es eso:
una límpida sucesión
de correntadas
con agua ligeramente turbia,
que de pies a cabeza te remoja;
tu desnudez sumerge
en el belez de sudorosa muchedumbre
que no ve ni huele tu presencia.
Mas he aquí que de pronto
esa humedad se anhidra
y sobre tu piel rechazas toda prenda,
toda chinela
aunque fuere muy liviana y sin calzar.
Rechazas a causa de ardoroso temor
en cuanto a que,
esos torpes lacillos
de lino y lana basta,
envejezcan
contra tus huesos milenarios,
y sean confundidos éstos
con la porosa respiracíón de la basura;
basura que mientras tanto
espera en el tanque
a voltearse en otro tanque después,
ahora.
III
Si ello ocurriese dijo aquel señor:
habrá paquete con reate,
desde el cual asomarán
pelos hirsutos y rebeldes,
pelos crecidos donde todo decrece,
se apelotona en el grasiento pelotón
+ de la cuenta engordado en el otoño;
otoño que confabulado
con las nocturnas sombras de achique,
in matiza lo fugaz,
parte en trozos desiguales los tonos,
pardos y amarillos que ya no son,
simplemente no son,
salvo los rebeldes pelos
que no cesan de crecer.
Como chacra en ·des-uso·,
en el rosado ano de la naturaleza
pueblan lo ya enmarañado
con indóciles brácteas
y caprichoso castillo
cosméticamente almenado,
para que nada se pueda ver,
salvo los rebeldes pelos
que no cesan de crecer.
<><><
PAQUETE SIN REATE
Inmatizada,
fugaz,
huidiza,
montada en algo
que se parece a bicicleta
junto a él pasó la vida.
Ante este ventarrón de entre casa,
su reloj interior
se resbaló por fuera de la vista,
ganando como una mimética criatura
de los bosques el envés de la viruta,
tan prolífica
en el descascare del otoño.
He aquí un parto,
el fin del mundo
sin bebé ni parturienta;
un aquí no pasó nada,
tan sólo fue la fugacidad del viento
montado en bicicleta,
o un paquete sin reate
que semejándose a gotas
grises y opacas,
se diluyó en el charco
agrandado por la lluvia de esa noche,
nada +.
<><><>

Saturday, July 29, 2006

SUSURROS DE LA BESTIA A LA BELLA

I
Cada tantos cósmicos kilómetros un ojal,
cuyos satinados pespuntes azul-turquesas
sueñan con la ornamentada copa
de un botón para mujer.
Sideral y amaestrada punzando
muy cerca siento la punta de la tijera,
de la tijera sobre el enrojecido ombligo,
ombligo de un inmenso trozo de gleba
que no deja de sangrar;
y después...
...después partiéndose las hebras
en un millón de hojas
moribundas y ahusadas,
hojas para formar en el piso del hueco
unos renegridos labios de polvo e hilachas,
hilachas sobre cuyas intrincadas texturas
la flamante máquina del nuevo orden alisa,
alisa la costura de una quietud provisional,
pero no obstante supuestamente eterna.
II
¡Ay!
así había sido una vez:
mi alma y su ropa sucia,
tiza gris que se limpia
en su blancura nunca vista,
interior.
Hundiéndose en la mojada arena,
a dos incandescentes lápices
y una perdurabilidad tan fuera de lugar,
ajena,
más abajo zapatillas.
III
Cada tantos cósmicos kilómentros
en exacto sitio la puntada en el ojal...
...y después...
...después la trenza
y el negro pelo delimitando
una larga e indócil pastura color verde botella.
Delimitando...
...el agua salada,
...el agua festoneada de espumas en la orilla,
recinto con pincel goteando
una pálida gota de café;
allí donde el arco iris
en un abrir y cerrar de ojos besa,
besa en la esquiva boca
a su hermana la turbulencia en el mar.
IV
Pronta ha quedado la prenda
que desde la garganta
la recubre hasta el dedo meñique de su pie;
bien ceñida con botones de añil amatista
en la precisa comarca,
comarca en la cual a llorar rompe
inconsolable el viento
y su mal humor regurgita la tempestad.
V
Detrás de un breve manto de niebla,
semejante a una estrella todavía invisible,
allí fue que sangró la herida:
4 trazos de sangre azul sin prisa rezumándose,
rezumándose como agua-nieve
que desde la copa de un cinamomo se desliza,
a través de los ciegos ojillos
en la pálida superficie se desliza,
de unos botones de añil amatista;
botones que en apretada fila india
celosos guardan el monte de venus,
desnudo,
agreste,
enmarañado,
cerril coto de cacería
con amaestrados señuelos,
en-un-medio-día-de-un-sol-de-media-noche.
VI
Desde el abismo a la ropa sucia,
desde el abismo que a las escondidas juega
tras el ala trunca
de un omóplato alargado y angosto
de mujer flaca.
Tras la húmeda rojez del hueso un corazón;
como pez en breve lagunilla y después...
...después nuevamente lo perenne:
hebras formando labios
en la verde hierba de la ribera,
y la esperanza...
nuevamente la esperanza,
de que sobre la arena mojada
calzaran las patas de una corta mesa,
mesa que habiendo sido
truncada base de estalactita,
se vistiese con la rica baba
de los gusanos de seda,
aposentados naturales en el lugar.
VII
Y por doquier manjares,
crujientes,
tersos;
asimismo con tizne de fogón y plancha,
manjares descansando entre comensales
sobre una colcha de espesura y morera.

De “Ser joven lleva demasiado tiempo”-pág. 62



Sunday, July 23, 2006

CARTA PARA TATIANA EN SU CUMPLE

Aquí, en Montevideo, es la 1 de la maña-
na del 24 de julio de 2006.
A esta hora tú, estás dormida y cuando
despiertes, pues, dirás, ya no tengo 5, soy una
niña con 6, o sea: el abuelo tiene una nieta de
6.
Desde este tan curvo lado del mundo, (ca-
si con la planta del pie metida en el agua su-
puestamente dulce del río de la plata), tan só-
lo te puedo enviar palabras; ni chocolate, ni
libritos coloreados, ni canción con acordes de
órgano, solemnes, que permanezcan prendidos
en el aire, como si fueran limones colgando de
las ramas en el limonero.
Nada de eso, todo inconcreto, un libro con
las páginas en blanco.
Palabras que quizá sí, puedan soportar en
sus dedos juntos o separados, la columna y
con ello el puente entre un abuelo viejo y una
nieta de 6.
Si yo estuviera ahí, en Petoskey, o tú estu-
vieses aquí, (con el pie húmedo a causa de
ese paseo al borde del río de la plata que al-
gún día concretarás), la cosa sería algo distin-
ta. Por lo pronto, ahora, en este instante, yo
podría escuchar el compás de tu respiración:
quietecita, más agitada, muy tranquila, anhe-
lante, toda movida porque tú te mueves entre
las sábanas ligeras que te cubren, y te produ-
cen una sensación de calor excesivo, a causa
de que en el lugar donde vives, todo chispo-
rrotea por ser verano.
Ves, ¿cuánta cosa entre Tatiana y su abuelo,
sin que aparentemente nada haya sucedido?
sin que se haya pronunciado la más mínima
palabra en ese entre tanto de silencio.
Diría que este es un diálogo invisible con
un abuelo invisible que le desea a Tatiana
muchas felicidades, unos cuantos regalos
y el arrullo amoroso de sus papitos.
Desde aquí el abuelo te adormece tam-
bién, con arrullos.


barrio del cordón-trastienda de la universidad-
junto al sombrío sub-suelo del liceo nocturno

Tuesday, July 11, 2006

PIEDRAS

I
Voy en busca de 1 hoja de papel;
recorro kilómetros
en un azul puntero de reloj;
soy pelele en la punta del puntero,
puntero que da vueltas
con mi morada grana de felpa,
felpa que se aligera en gotas,
algodonosas gotas de sangre
como si fuera un impropio trofeo,

trofeo obtenido en sucia batalla,
inconclusa batalla.
Al dar vueltas bosqueja mi felpa,
bosqueja una circunferencia,
·im-prolija· circunferencia
que gotea como un río aéreo en otro río.
Reloj con cu-cú oculto en mi madera,
en la empañada amarillez del maizal,
del maizal en su vejez oculto.
II
Sin saber por qué ni para qué,
acumulo cajitas
con ostensibles cartelas de advertencia:
he aquí un dedito bien torneado
a labios anónimos algo exangües,
pegándose;
labios de muchacha sub 20
sin + datos,
un vago esbozo casi inadvertido.
III
Sin que pida,
sin que quiera,
a unos escasos centímetros está mi oído
de ese ruido.
Un ruido general.
¡No!
Es piar con picoteo de ruido
en su último paseo,
paseo de cu-cú por...
...por dentro de mi acolchada sangre,
(eso está escrito,
en la contratapa escrito
de la cajita a mi disposición),
por dentro de mi sangre que transcurre,
secretamente transcurre
en una inmensa laguna,
laguna hacia el océano.
¿Debo describir el océano?
¿Es necesario?
IV
Dije que iba en busca de papel.
¡No!
¡Sí!
Es la hoja de celofán que guardo,
¿dónde?
allá arriba,
entre 2 rincones la cajita;
cajita azul-marina,
cuadrilonga y casi plana.
Ya está ahí,
¿en mis manos?
¡No!
Ella no me necesita.
Estoy envuelto,
envuelto en su transparencia;
por su elástica piel de durazno
envuelto,
como si cupiera en su envoltorio
todo el mundo.
V
¿Desde cuándo?
¿Eso importa?
VI
He aquí los huecos,
ladera de cantos,
picacho de montaña
con una alianza de nubes
efímera en la punta,
en la punta del dedo índice algo romo.
Todo frío,
una postal de frío.
VII
Hasta ahora el envoltorio,
(quizá sea apariencia,
cosa de este mundo en otro mundo),
me ha permitido mover el dedo gordo,
accionar entre cremas
y roja nariz de payaso,
payaso muy atareado en julio:
una cabeza con cu-cú oculto
en majestuoso paseo de explanada;
niños y explanada,
transeúntes y el cu-cú que espera,
en todo su largor espera
que acontezca la breve media hora.
Deferente me permitió aun
descorrer el gobelino,
el gobelino que tapa,
tapa la sanguinolencia de los huesos.
VIII
He aquí palabras
en lengua por conocer,
¿desconocida?
escritas en un libro envuelto por mitades
de sarga y celofán;
un libro en el rincón de la vidriera,
profuso en su birlí,
voladizo alpende,
alpende sobre aquella alianza ya descripta.
IX
Soy esto que trato sea verosímil,
límpido y claro,
alguno por la casa,
¿a tientas?
El cielo y sus lunas,
sus lunas de papel maché,
con invisibles cráteres habitan,
sin que yo quiera habitan,
habitan en mi techo alquilado.
Prendidos con tachuelas,
tachuelas herrumbradas desde el taller
y mucho gris,
negro de humo.
X
¿Recuerdas la laguna,
el océano,
el océano bajo forma de enigma,
enigma en el cielo,
aquí y allá rosáceas zarzamoras
picoteadas por el cu-cú
oculto en mi madera,
ofensivas palabras cruzadas
en un cruce con otras
supuestamente inofensivas?
El agua me llega casi al cuello,
he puesto en los 4 bolsillos
y en la mochila piedras.

barrio del cordón-junto a la trastienda de la uni-
versidad-esto es dialecto morse en los tubos aledaños al sub-suelo del liceo nocturno

Saturday, July 01, 2006

PÉTALO A PÉTALO

I
Se aleja la noche,
se aleja el día;
se dispersan los piares en la densidad,
densidad sin tintura,
densidad sin tono,
densidad del silencio como papel de lija,
lija aquí dentro,
dentro de mí.
II
No importa,
no importa lo de fuera,
es este piso con papeles la sabana,
el campo de rastrojos,
amapola,
amapola estrujándose pétalo a pétalo.
III
No oyes la voz,
la vocecilla.
¡Qué inaudible es mi voz,
qué de pequeña!
Casi no es ella.
¿Cuándo fue?
IV
Ahora es un murmullo en la inmensidad,
el eco que golpea,
golpea sus narices de alabastro,
yesoso alabastro transluciente;
sus narices frías golpea contra mi cuerpo.
V
No hay forma de atajar
lo que ya no es mío.
Mi grito se deshace en el florero,
entre amapolas muertas
y verdín de agua se cuartea.
VI
Me alejo de la noche,
se aleja el día en una madrugada interminable.
Aquí todo es afonía,
querer decir
sin poder ya decir nada.
-.-.-.-
barrio del cordón-trastienda de la universidad-
en las aledañas cuevas bajo el sub-suelo del liceo nocturno

Thursday, June 08, 2006

SUSURRO

Alguien susurró
que la vida es un milagro.
Casi en simultáneo,
la ancha ventanilla del tren pasó;
en su lugar,
más de lo soportable se detuvo,
se detuvo hermético,
enmaderado,
como para regalo
que habrá de entregarse a la distancia
el cubo perfecto,
rojo lacre imperfecto
de un furgón de cola.

De cuando huye el día-pág. 81